martes, 11 de mayo de 2010

FIB: El fin de un reinado, el comienzo de otro

Hubo un tiempo (y no hace mucho), en que cuando querías escuchar una canción solo tenías dos opciones: hacerlo en la radio o comprarte el disco. Bueno, o irte al bar de moda a bailarla. Los medios eran escasos y la música era un bien preciado. Los jóvenes ahorraban durante semanas renunciado a más de lo que les gustaría para adquirir el ansiado disco. Sin embargo todo ese ritual de rascarse los bolsillos para llevarse a casa el último LP comenzó su debacle con la irrupción hace quince años de un invento llamado internet y la posterior aparición de los archivos Mp3. Y a partir de ahí el paulatino hundimiento de la industria musical en cuanto a venta de discos se refiere por las causas que todos conocemos.

Internet ha sido posiblemente el invento más revolucionario de las últimas décadas y claro, todos los sectores han tenido que reinventarse para adaptarse a sus múltiples posibilidades, entre ellos el de la música. De esta manera nos hemos plantado en el siglo XXI con una situación completamente opuesta a la del pasado donde el negocio no está ya en la venta de discos en formato físico sino en el digital, además de en el merchandising y ante todo, en la música en directo. Un cambio de roles en toda regla. Ahora son los conciertos de los artistas los que dan de comer a la industria. Y la industria no es tonta. Unos pocos años de experiencia, concentración de grupos repartidos por poblaciones estudiadas y los festivales de música se convierten en el auténtico y más rentable negocio de todos.

En nuestro país esto ha podido apreciarse con mucha claridad. En pocos años hemos pasado de tener ni una docena de ellos a triplicar esta cifra y ver como cada localidad tiene su particular festival sin olvidar a los grandes gigantes los cuales también han aumentado en número. De todos ellos es inevitable centrarse en el Festival Internacional de Benicassim (FIB). Un proyecto que unos jóvenes ilusionados comenzaron hace 15 años con la intención de traer a esos grupos que era imposible ver en directo en España, ya fuera por falta de iniciativa o de salas donde pudieran tocar. Y a ello le sumaban la magia de estar a orillas del mediterráneo, añadiéndole a la oferta una dosis incuestionable de diversión y encanto.

El FIB fue poco a poco creciendo convirtiéndose no solo en el festival de referencia en España sino también de Europa (más la mitad del público asistente suele ser de fuera de nuestras fronteras). Sin embargo 2006 supuso un punto de inflexión. Las entradas para aquella edición se agotaron en un tiempo record y todo ello por una simple razón. En el cartel figuraban Depeche Mode, The Strokes, Pixies y Morrissey. Un compendio de artistas suficiente para movilizar a todos los compradores de ese año. Y digo punto de inflexión porque los organizadores se dieron cuenta de que tan solo era necesario 4 o 5 grandes nombres para conseguir el sold out. Esto supuso algo que ya se dejaba entrever: la conversión de lo que antes era un producto de calidad y realizado con mimo y pasión en uno dirigido a las masas con el único objetivo de vender todas las entradas. Que todos sabemos que el ánimo de lucro es legítimo y necesario pero siempre que este se busque de manera coherente. Así que, lo que ha ocurrido con el FIB es que ha perdido toda la esencia que le caracterizaba en sus primeras ediciones, conformando carteles de una calidad cuestionable que se van dirigiendo cada vez más a un público mucho más amplio y menos interesado donde la música es ya casi algo secundario y donde lo único que importa son los cuatro grupos gigantes de turno. Un calificativo (gigante) que en muchas ocasiones no se adecua a la realidad de la banda. Y es que por poner un ejemplo, Kings of Leon, cabeza de cartel de la pasada edición, en mi opinión no se merecía esa condición.

Por supuesto que son un buen grupo, pero no lo suficiente como para ser uno de los principales reclamos de un festival de la entidad del de Benicassim. Pero es ahí donde está el problema. La organización del festival ha decidido que precisamente ese principal reclamo va a estar monopolizado por artistas del denominado mainstream indie (reflejado muy claramente el pasado año con Franz Ferdinand, The Killers y los mencionados Kings of Leon como cabezas de cartel). Algo defendible y que no me parece del todo mal, pero que debería ser compensado por otro lado y desde luego justificado con la participación de otro tipo de bandas en el escenario.

Por si no fuera poco, la empresa organizadora del festival ha sido adquirida en su totalidad por el promotor irlandés Vince Power, un magnate del sector que sin duda acentuará el ya de por si marcado carácter británico del festival y que confirmará e incluso agravará la situación que venimos analizando, robándole definitivamente la poca magia (hablamos de oferta musical) que queda del FIB. Y es que no hay más que ver los que por ahora son los cabezas de cartel de este año: The Prodigy y Kasabian. Grupos con el tirón mediático preciso para alcanzar el tan ansiado sold out pero que desde el punto de vista estrictamente musical deberían de estar en la siguiente línea del cartel.

Todo esto ha provocado que el foco de atención de los grandes festivales nacionales se haya desplazado de Benicassim hasta Barcelona. Y es que es allí donde se celebra anualmente el Primavera Sound. Un festival también con recorrido, que a diferencia del FIB, ha sabido crecer manteniendo su esencia y apostando siempre por la calidad en su programación. El Primavera no goza de los factores playa y verano con los que cuenta el FIB (ese plus mediante el cual siempre se ha diferenciado del resto) pero sí con algo que ya se ha convertido en un clásico del festival: apostar por artistas emergentes que pasados 1 o 2 años están en boca de todo el mundo y encabezan festivales. Y el ejemplo más claro es el de Vampire Weekend, hoy día la banda de moda, que acudió al festival barcelonés en 2008 con su primer disco recién publicado. Dos años después serán precisamente cabeza de cartel del FIB 2010. Otro caso similar es el de MGMT, presentes también en aquella edición de 2008 y que a partir de ahí nadie en el planeta dejó de bailar los hits que fueron “Kids” o “Time to pretend”. Resulta que al igual que Vampire Weekend han sacado nuevo album en 2010. Así que no me extrañaría nada que su nombre acabara también en el cartel del FIB de este verano.

Sin embargo, la grandeza del Primavera Sound no queda ahí. Es decir, no solo se adelantan a la moda musical, sino que también traen verdaderos cabezas de cartel sin dejar de cuidar el resto de bandas del mismo, despojándose de prejuicios tontos y compatibilizando promesas jóvenes con artistas asentados y bandas de medio recorrido siempre con algo que aportar. Un cartel cuidado, ecléctico y elaborado que no cae en lo previsible. Y es que el Primavera Sound 2010 tiene posiblemente el mejor elenco de artistas de toda su historia: desde el retorno tras su separación de bandas imprescindibles del rock alternativo como son Pixies, Pavement o Sunny Day Real State, hasta la siempre recurrente presencia de clásicos como Pet Shop Boys, la genialidad de Wilco, el mito y la rabia de The Fall o los influyentes The Charlatans, como cabezas de cartel.

Pero es que lo mejor viene ahora, con los grupos noveles de los que hablábamos anteriormente, representados en esta edición por bandas tan interesantes como The XX, Surfer Blood, The Drums, Cold Cave, Matt & Kim, Nena Grizol, Dum Dum Girls, The Big Pink, Florence + The Machine, Harlem, Grizzly Bear y un largísimo etcétera. Por otro lado, formaciones asentadas y con discos a sus espaldas que ya hacen de este festival algo completamente irresistible: The New Pornographers, Spoon, Los Campesinos!, CocoRosie, The Wave Pictures, Built to Spill o Broken Social Scene. Y sin olvidarnos de la representación nacional, cada año con mayor protagonismo en el festival: Half Foot Outside (en lo que será su despedida de los escenarios), McEnroe, Bigott, Wild Honey, Standstill, Biscuit, Cohete o Delorean, nuestro grupo más internacional.

Creo que son razones más que suficientes para considerar de manera definitiva al Primavera Sound como el festival de música de referencia en España. El FIB seguirá haciendo sold outs año tras año, pero ya sabéis que a partir de ahora la buena música en directo se escucha en Primavera y en Barcelona.


NOTA: Este artículo se escribió antes de que el autor conociera la confirmación de Ray Davies para el FIB 2010 (un cabeza de cartel como Dios manda) aunque también las de Gorillaz y Lilly Allen como pesos pesados de la edición de este año, algo que desde mi punto de vista confirma la tesis mantenida a lo largo del post.

Por otra parte confirmaciones (también conocidas tras escribir el presente artículo) como las de Brendan Benson, Charlotte Gainsbourg, Ash o Julian Casablancas creo que son más que intersantes, pero sigue sin parecerme suficiente.

3 comentarios:

B dijo...

Este artículo se publicó en exclusiva para el primer número (y único, de momento) de Warehouse

El Fabricante dijo...

La crisis musical es total. Los Festivales se han convertido en nuevos supermercados o superficies comerciales gigantes donde puedes adquirir todo tipo de productos. Al estar todos aglutinados, es difícil saber qué es lo que realmente querías comprar. Se produce un efecto de dispersión musical peligroso. No estoy en contra de la variedad de géneros (ni mucho menos, personalmente le pego a muchas cosas) sino a la incapacidad que tiene la juventud para poder degustar correctamente las propuestas musicales existentes. Y la propuesta del FIB es todo y nada a la vez. Es una mezcla de platos empalagosa y engañosa.
Además, estoy de acuerdo en que internet ha multiplicado el acceso a la música, pero también es cierto que la ha devaluado (solo hay que ver el ipod de un adolescente). Antes costaba acceder más a la música, pero se hacía con más cuidado, amor y respeto.
Bravo por el artículo.

Ana María López dijo...

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